En mi práctica diaria en consulta dietética, me encuentro a menudo con la misma situación: falta de organización en la cocina de mis pacientes. Y es que no tener esta zona de la casa organizada te puede llevar a necesitar consejo nutricional por sobrepeso o problemas de salud derivados de una mala alimentación.

El impacto que puede tener sobre nuestra vida, y la de los nuestros,  tener bien hecha la compra, organizado el menú semanal y saber cocinar lo mínimo es muy grande. Podemos disfrutar más de comer, estar más sanos y legar un patrimonio inmaterial de gran valor a nuestros hijos: saber alimentarse bien.

Porque, ¿cómo hemos aprendido los que nos defendemos en la cocina del día a día?, no hablo de los profesionales. Pues a base de llamar a nuestra madre por teléfono, echar mano de la memoria fotográfica de los platos que veíamos en la mesa de niños, además de muchos ensayos prueba-error y, como no, imitando platos de los amigos, restaurantes y alguna que otra consulta a libros de cocina blogs, etc. Pero sobretodo, en el día a día pesa el legado de la madre (ahí queda mi homenaje particular a la mía y a mi tía abuela).

La alimentación es uno de los pilares de la vida del ser humano, si no la cuidamos su calidad y duración peligra nos dicen los observatorios científicos.  No voy a nombrar la prevalencia de enfermedades actuales relacionadas con el deterioro de la calidad alimentaria de la sociedad en la que vivimos, además del incremento del sedentarismo, ni tampoco la tendencia cómo va y a dónde nos lleva, porque este escrito no va de eso.

Una vez informados de este panorama, estamos más que motivados a provocar un cambio en nuestra vida, una vuelta a lo tradicional que nos conviene, pero nos topamos con varias dificultades. El miedo a caer en la esclavitud de las amas de casa de antaño, pero peor porque ahora trabajamos todas y tenemos menos ayuda de la que nuestras madres tenían, en mi caso al menos. El tiempo es la segunda dificultad y la tercera es la falta de práctica en la cocina, que se traduce en miedo a “no saber hacer”.

Ahora nos vemos obligados a compartir tareas, o distribuirlas entre las parejas o quienes convivan en la casa, léase: nosotros organizamos los menús y la lista de la compra, tú compras, yo cocino,  tú recoges la cocina…. O yo me encargo de todo lo concerniente a la alimentación y tú a la limpieza y así infinitas combinaciones. Y nos vemos necesitados de soluciones que nos lo pongan más fácil.

En los Show Cooking se transmiten varias soluciones, se demuestra cómo con unas sencillas herramientas somos capaces de:

1) planificar menús para varias semanas o incluso meses;

2) cocinar en 2-3 horas –dependiendo de práctica- un “fondo de frigorífico” del que echar mano el resto de la semana para no perder tiempo en la cocina;

3) practicar técnicas culinarias y recetas sencillas con resultados sorprendentes; sin perder de vista la tradición gastronómica de nuestro entorno;

4) comer tranquilos, disfrutando sin pesares, gracias a la filosofía de la alimentación consciente.

No se trata de convertirse en “maruja” profesional, sino de convertirse en un “gestor eficaz de la alimentación de la familia”. Así suena mejor ;).

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