Mindful Eating o Alimentación Consciente no es más que prestar atención de forma intencionada mientras se come. Esto conlleva: centrarse en los atributos sensoriales de la comida, como el sabor, el olor y la textura; reconocer respuestas subjetivas al comer un alimento, como qué le gusta y qué no le gusta a uno y prestar atención a las sensaciones internas de hambre y saciedad.

La Alimentación Consciente anima al cuerpo a respetar su propia inteligencia interna para elegir alimentos que son al mismo tiempo satisfactorios, placenteros y nutritivos.

Integrar los principios del Mindful Eating te ayuda a sentir que tu relación con la comida se transforma, se convierte en alegre, sin remordimientos, sin juicio y te da una sensación de libertad cuidándote.

Se trata de un enfoque que está respaldado por numerosos estudios que demuestran el impacto positivo de practicar la consciencia al comer en varios problemas de salud y de estilo de vida.

Principios de la Alimentación Consciente según The Center for Mindful Eating :

Principios de Atención Plena (“Mindfulness”):
• Atención plena es poner atención intencionadamente, sin juicios, en el momento presente.
• La atención plena abarca tanto procesos internos como del entorno.
• Atención plena es estar consciente de tus pensamientos, emociones y sensaciones físicas en el momento presente.
• Con la práctica, la atención plena cultiva la posibilidad de liberarte de patrones reactivos y habituales de pensamiento, emoción y reacción.
• La atención plena promueve el equilibrio, la elección, la sabiduría y la aceptación de lo que ocurre.

Comer con Atención Plena (“Mindful Eating”) es:
• Permitirte darte cuenta de las oportunidades positivas y nutritivas que están disponibles a través de la selección y preparación de alimentos respetando tu sabiduría interna.
• Utilizar todos tus sentidos para elegir comer alimentos que son tanto placenteros para ti como nutritivos para tu cuerpo.
• Reconocer las respuestas a los alimentos (si te son agradables o desagradables, o si te son neutros) sin juicios.
• Aprender a estar consciente de tu hambre física y de las señales de saciedad para guiar tus decisiones de comenzar y parar de comer.

Alguien que Come con Atención Plena:
• Reconoce que no existe una manera correcta o incorrecta de comer, sino diversos grados de conciencia alrededor de la experiencia de la comida.
• Acepta que sus experiencias al comer son únicas.
• Es un individuo que, por elección, dirige su atención a la alimentación momento a momento.
• Adquiere conciencia de cómo puede hacer elecciones que apoyen la salud y el bienestar.
• Se hace consciente de la interconexión de la tierra, los seres vivos y las prácticas culturales, y el impacto que sus elecciones tienen en estos sistemas.

Texto inspirado en post de

Dra Lilia Graue  (Fundadora y Directora, Mindful Eating Méjico)

¿Cuáles son las principales diferencias entre la filosofía de la Alimentación consciente o Mindful Eating y las dietas tradicionales? 

El enfoque del Mindful Eating o Alimentación consciente no es una dieta, ni tradicional ni no tradicional, sino una forma de nutrirnos honrando nuestras necesidades y en sintonía con lo que está accesible para nosotros. La práctica surge desde la intención de un cuidado respetuoso, dando respuesta a las verdaderas necesidades que nuestro cuerpo tiene y de las que “nos informa” a través de señales físicas, pensamiento o emociones. ¿Quién mejor que nosotros mismos puede saber qué es lo mejor para nuestro cuerpo?. Muy alejado de la obediencia a reglas o planes impuestos de manera externa, la práctica de la alimentación consciente promueve que nos guiemos por dichas señales para tomar decisiones en nuestra alimentación. 

 
Esta práctica no se enfoca en corregir o modificar nuestro cuerpo, en alterar nuestra forma o tamaño. Al contrario, está arraigada en el respeto y aceptación, reconociendo el merecimiento y valor intrínseco de cada cuerpo, tal cual es. Nos permite acercarnos a nuestro bienestar de manera integral, y también reconocer que, aunque nos gustaría creer que estamos en control total de nuestra salud, hay otros factores más allá de nuestros hábitos que tienen un impacto en ella. 
 
En la alimentación con atención plena no tenemos listas/categorías de alimentos «buenos» vs «malos» ni reglas alimentarias rígidas. Somos plenamente conscientes de que nuestra forma de comer no nos hace mejores o peores personas, y de que el tamaño, forma o capacidad de nuestro cuerpo no nos hace más ni menos valiosos. Entendemos que nadie come de manera “perfecta” o “ideal”, nos alejamos de la postura de todo o nada y cuando descubrimos que en cierto momento quizá no elegimos comer de la forma en que nos hubiera gustado, en vez de instalarnos en la culpa o la vergüenza o darnos por vencidos, la atención plena nos permite comenzar de nuevo, una y otra vez. Podemos elegir tratarnos de manera amorosa y bondadosa, decirnos “Está bien” y cultivar atención plena al comer en nuestro siguiente alimento, cada día tenemos por lo menos tres oportunidades para comenzar de nuevo. 
 
Aquí no cabe el “como me he saltado la dieta, ahora la me la salto del todo” o de “hoy tengo que aprovechar y comer todo lo que quiera porque mañana empiezo la dieta”. Desde el permiso incondicional de comer, podemos elegir lo que mejor apoye nuestro bienestar en cada momento. 
 
Vamos calibrando poco a poco una forma de nutrirnos y cuidar de nosotros que es congruente con nuestras necesidades cambiantes a lo largo de la vida, que respalda nuestro bienestar, que es sostenible y flexible.

 

 

¿Es posible bajar de peso, reducir medidas o conseguir tonificar el cuerpo siguiendo el Mindful Eating?

Esta es con frecuencia la primera pregunta que surge cuando alguien escucha del enfoque de Mindful Eating dado que en nuestra cultura se ha instalado el discurso de que la utilidad de cualquier cosa que tenga que ver con autocuidado o nutrición radica en si ofrece la posibilidad de acercarnos al estándar normativo de un cuerpo delgado o “en forma” (o de un objetivo de índice de masa corporal o porcentaje de grasa). Y diariamente nos bombardean con mensajes acerca de la supuesta importancia del peso para nuestra salud y bienestar, además de que los cuerpos de mayor tamaño son estigmatizados y discriminados en nuestra sociedad. Todas las personas hemos interiorizado en mayor o menor medida la gordofobia. 

Ahora, la pregunta que surge es: ¿qué va a pasar con el peso de alguien que practica una alimentación basada en Mindfulness? La respuesta corta es que para alguien que practica alimentación consciente, el desenlace con respecto al peso puede ser uno de tres: que baje de peso, que suba de peso o que su peso no cambie. No definimos el “éxito” de esta práctica en función del peso; si lo hiciéramos sería una dieta más, con riesgos y consecuencias negativas para la salud física, mental y emocional, y con el ya conocido ciclo interminable de restricción y rebote del que tantas personas están ya agotadas.
 
En la práctica del Mindful Eating, nos acercamos a las preocupaciones en torno al peso desde un paradigma inclusivo con respecto al peso. Con base en evidencia científica, sabemos que no eoiste ningún método centrado en el peso que sea seguro, eficaz y sostenible a largo plazo, ni que promueva salud y bienestar integrales, desde una comprensión amplia de lo que significa la salud. Recordemos la definición de salud que ofrece la OMS «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Así, esta práctica desde una base ética, busca desmantelar todos los discursos que estigmatizan o marginan a ciertos cuerpos por su tamaño o nivel de salud.

No cabe duda de que el peso influye en la percepción de salud o bienestar que una persona tiene, influida por su experiencia de corporalidad (siendo el peso y tamaño corporal parte de esta experiencia de corporalidad). Para quienes viven en cuerpos de mayor tamaño, es frecuente experimentar incomodidad o malestar que quizás no han tenido en un cuerpo más delgado.

Para conseguir hacer cambios sostenibles en nuestra alimentación dirigidos a mejorar nuestra salud (peso invalidante, enfermedad digestiva, etc…) antes es necesario desarrollar un respeto, aceptación y confianza corporal, desafiando el estigma corporal y mitos sobre la salud. El Mindful Eating es una práctica que nos ofrece la posibilidad de descubrir y cultivar mayor salud, mayor bienestar, mayor gozo, mayor plenitud, mayor aceptación, y mayor cuidado en el cuerpo que ya tenemos, cualquiera que sea su tamaño. Una práctica que nos permite cultivar más paz, soberanía y ecuanimidad en nuestra relación con la comida. 
 
A través de la práctica de alimentación con consciencia plena, aprendemos a identificar qué es lo que nos permite nutrirnos y liberarnos del sufrimiento en torno a la comida y a nuestro cuerpo (no es buscar la dieta que sí funcione, ni tampoco un número en la báscula). Parte del proceso es re-conectarnos con el sabiduría de nuestro cuerpo y elegir no en función de querer controlarlo o corregirlo, sino de nutrirnos plenamente física, mental, emocional y espiritualmente. Y hablando de procesos, esta práctica es justo eso: un proceso de familiarizarnos con nuestra experiencia y cultivar atención plena, conexión, bondad amorosa y compasión en cada momento. No se trata de perseguir un desenlace en el futuro o un cuerpo imaginario, sino de habitar y cuidar del cuerpo en el que ya estamos.

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